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La estancia Las Palmas: 400 años de historia documentados en un libro

La estancia Las Palmas, ubicada en la provincia de Buenos Aires, fue parte de los campos jesuíticos dedicados a la cría de ganado. Un libro de Josefina Fornieles reconstruye su historia.

La estancia Las Palmas, ubicada en la provincia de Buenos Aires, fue parte de los campos donde los jesuitas criaron ganado. Un libro de Josefina Fornieles documenta su historia, que abarca cuatro siglos.

La propiedad se remonta a Cristóbal de Altamirano, compañero de Juan de Garay en la fundación de Buenos Aires en 1580. Altamirano recibió una manzana en la ciudad y una encomienda de indígenas. Su hijo, también llamado Cristóbal, fue sacerdote jesuita y donó las tierras heredadas a la Compañía de Jesús.

Los jesuitas organizaron la estancia, que abarcaba 62.000 hectáreas. Según el historiador Guillermo Furlong, los religiosos “no solamente tuvieron estancias sino que además las pudieron organizar en forma científica, convirtiéndolas en centros de progreso”. En 1761, la estancia contaba con 110 esclavos negros, 8.700 cabezas de ganado vacuno, 8.500 yeguas y potrancas, 1.500 caballos, más de 600 burras, más de 1.000 mulas de dos años y otras tantas por herrar, y 70 bueyes.

Tras la expulsión de los jesuitas, la estancia fue comprada por José Antonio de Otálora, suegro de Cornelio de Saavedra. Su hija Ana María fue la primera propietaria de Las Palmas. La propiedad pasó luego a su sobrina Cipriana Soler, casada con Rufino de la Torre, y tras la muerte de este se dividió entre sus trece hijos. En 1882, Rufino de la Torre vendió la estancia a Benito Villanueva, quien introdujo la cría de caballos.

En 1889, el coronel Alfredo Froilán de Urquiza compró el establecimiento. Junto a su esposa Lucila de Anchorena, instaló una cabaña. La propiedad contaba en ese entonces con 1.600 hectáreas, 30 potreros y 600 hectáreas sembradas de alfalfa. También había tambos con tres ordeñes diarios.

Tras la muerte del coronel en 1939, su hija María Lucila Urquiza se quedó con Las Palmas. Posteriormente, la propiedad pasó a sus hijas Lucilita y Eleonora. En 1992, un grupo privado compró la fracción de Lucilita, quien falleció en 2017 a los 100 años.

El libro de Josefina Fornieles, titulado “Las Palmas”, narra la historia de la estancia a lo largo de los siglos, incluyendo a las distintas familias propietarias y a algunos trabajadores mencionados en registros históricos.

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