Las autoridades de Nepal continúan con la identificación de los cuerpos recuperados tras las inundaciones. En la morgue de Katmandú, los familiares buscan a sus desaparecidos entre fotografías de cadáveres y restos humanos, mientras el número de víctimas supera los 800.
En la morgue de Katmandú, las autoridades continúan con el proceso de identificación de los cuerpos recuperados tras la riada. Entre los restos expuestos se encuentra una pierna y el cuerpo de una mujer con el rostro deteriorado, al que le separaron los labios para dejar visible un diente de oro. Este detalle puede ser suficiente para que una familia reconozca a quien lleva cinco días buscando.
Las fotografías de los cuerpos cubren una persiana metálica junto a la entrada. Se observan cuerpos enteros, restos humanos, rostros cubiertos de barro, prendas y fichas con números y anotaciones. Los familiares recorren estas imágenes en busca de algo conocido.
Frente a esta pared, se encuentran las fotografías que los familiares trajeron: hombres y mujeres sonriendo, parejas abrazadas, retratos familiares, selfies, recuerdos de viajes y capturas de redes sociales. Junto a cada imagen figuran nombres, edades, teléfonos y el último lugar donde se supo de la persona. Las familias buscan entre los muertos a quienes aparecen vivos en la pared de enfrente.
Raj Bahadur Thapa lleva cinco días revisando ambos lados. Su hermano, Deepak Pradhan, de unos 43 años, desapareció en Timure, en el distrito de Rasuwa, la mañana del miércoles. La última comunicación de la familia fue antes de las 8:00; hacia las 8:30 su teléfono dejó de responder. La búsqueda los ha llevado a recorrer la zona, volar en helicóptero y visitar hospitales en Chitwan, a decenas de kilómetros de las montañas donde desapareció.
Raj estuvo el sábado frente a estas fotografías y el domingo regresó para mirarlas otra vez.
“En este lado están los desaparecidos. En aquel, los que encontraron muertos”, explicó a EFE mientras señalaba ambas paredes. Deepak no está en ninguna. “Seguimos buscando. Todavía estamos esperando”, afirmó.
Los cuerpos siguen llegando
La espera se repite en Nuwakot, en la base militar donde aterrizan los helicópteros que regresan de las zonas devastadas. Cientos de personas permanecen concentradas fuera de las instalaciones en busca de noticias de sus familiares. Cinco días después de la emergencia, la mayoría de los presentes llevan mascarillas, debido al olor de los cuerpos en descomposición que los equipos de rescate continúan recuperando.
De los helicópteros bajan bolsas mortuorias que los militares descargan y trasladan al interior. Algunas presentan formas irregulares, sin el contorno de un cuerpo completo.
El deterioro de los cadáveres también se observa en los hospitales. Un forense del Teaching Hospital de Katmandú explicó a EFE: “Los cuerpos que llegan están todos en estado de descomposición y algunos están fragmentados. Estamos intentando recoger todos los rasgos identificativos y muestras de ADN”. El hospital había recibido 72 cadáveres procedentes de Rasuwa, Trishuli, Dhading y otros lugares. La morgue tiene capacidad para 70 cuerpos. “La capacidad ya ha sido superada”, confirmó el forense, que pidió el anonimato.
En todo Nepal, casi 800 cuerpos y restos humanos han sido recuperados desde la riada, y miles de personas continúan desaparecidas. Un día antes, la Policía había clasificado 211 de los hallazgos como cuerpos mutilados, restos parciales o miembros separados; apenas una veintena había sido identificada por sus familiares.
La corriente dispersó los cadáveres a lo largo de decenas de kilómetros, desde las montañas de Rasuwa y Nuwakot hacia distritos río abajo como Dhading, Gorkha, Tanahun, Chitwan y Nawalparasi. Esto obliga a las familias, que no saben si buscan a alguien vivo, a recorrer hospitales y morgues cada vez más alejados del último lugar donde vieron a su ser querido. Raj llegó hasta Chitwan buscando a Deepak.
Un tatuaje, un diente
Cuando el rostro ya no permite reconocer a una persona, la búsqueda puede depender de detalles menores. Una familia identificó a un hombre desaparecido en Nuwakot, cuyo rostro no era reconocible, por un tatuaje en el pecho con el nombre de su esposa. Los equipos forenses intentan preservar rasgos como huellas, registros dentales, ropa, joyas y otras pertenencias.
En la fotografía expuesta frente a la morgue de Katmandú, puede ser un diente de oro.
La Policía fotografía los cadáveres y restos, les asigna un número y registra las características que puedan servir para identificarlos. Conserva las pertenencias recuperadas bajo el mismo código y toma muestras de ADN cuando el reconocimiento visual no es posible.
Además, la Policía distribuye un código QR que conduce a una base de datos pública de cadáveres “no identificados y no reclamados”, con imágenes y datos sobre el lugar donde fueron recuperados. Esto permite que una familia pueda descubrir desde un teléfono que la persona que busca en Rasuwa apareció en otro distrito.
El tiempo de conservación de los cuerpos también es un problema. La llegada continua de cadáveres ha superado la capacidad de varias morgues, y las autoridades comenzaron a enterrar a quienes no habían sido identificados o reclamados, después de tomar muestras de ADN y registrar la información necesaria para localizarlos si una familia los reconoce más adelante. En Chitwan comenzó el entierro de 229 cuerpos no identificados, cada uno asociado a un código y a la ubicación de su sepultura.
Fotografías, características físicas, informes forenses, muestras genéticas y el lugar exacto del entierro quedan como la posibilidad de completar una identificación posterior. Raj todavía no sabe si su búsqueda llegará hasta allí.
Cinco días después de perder el contacto con Deepak, conserva su fotografía en el teléfono, ha recorrido las zonas de búsqueda, ha volado en helicóptero, ha ido hasta Chitwan y ha vuelto dos veces a la entrada de la morgue de Katmandú. En una pared siguen apareciendo las fotografías de quienes faltan y, justo enfrente, las de quienes ya fueron encontrados. Deepak no está entre unos ni entre otros.
