El acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela contempla el desarrollo de campos con un potencial probado de 65.000 millones de barriles. Sumado a las reservas propias estadounidenses, Washington tendría acceso a un volumen cercano a los 111.000 millones de barriles, comparable al de Emiratos Árabes Unidos y superior al de Kuwait.
El nuevo acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela contempla el desarrollo de campos venezolanos con un potencial probado de 65.000 millones de barriles de petróleo. Según estimaciones citadas, Estados Unidos cuenta con alrededor de 46.000 millones de barriles de reservas probadas. Si a ese volumen se agregan los 65.000 millones de barriles comprendidos en el acuerdo, Washington tendría reservas propias o acceso de largo plazo a unos 111.000 millones de barriles.
La cifra resulta prácticamente equivalente a los 113.000 millones de barriles de Emiratos Árabes Unidos y supera los aproximadamente 101.500 millones de Kuwait, dos integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
La comparación requiere una distinción: los barriles venezolanos no pasarán a formar parte de las reservas estadounidenses. El acuerdo otorgaría a compañías de EEUU acceso y derechos de producción de largo plazo sobre determinados yacimientos venezolanos.
Según los detalles conocidos, el entendimiento tendría una vigencia de 25 años y abarcaría 17 campos estratégicos, ubicados en áreas como la Faja Petrolífera del Orinoco y el Lago de Maracaibo. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, indicó que los campos involucrados tienen un potencial probado de 65.000 millones de barriles y que el esquema contempla alcanzar una producción de 1,5 millones de barriles diarios.
Se proyectan más de u$s100.000 millones de inversión privada. Los derechos de producción quedarían principalmente en manos de empresas estadounidenses y una parte relevante del petróleo extraído tendría como destino el mercado de ese país.
El presidente Donald Trump anticipó que parte del petróleo venezolano será utilizado para recomponer las Reservas Estratégicas de Petróleo de Estados Unidos. Trump aseguró que el proceso comenzará “muy pronto”, en momentos en que los inventarios estratégicos estadounidenses se encuentran reducidos.
El entendimiento adquiere así una dimensión que excede la relación bilateral con Venezuela. El acceso a 65.000 millones de barriles acercaría a Estados Unidos, en términos de disponibilidad potencial de reservas, a los niveles de algunos de los grandes productores de la OPEP, y reforzaría su capacidad de abastecimiento y su influencia en el mercado petrolero internacional.
El acuerdo enfrenta interrogantes, entre ellos la seguridad jurídica de las inversiones a largo plazo y la continuidad del esquema una vez que finalice la administración Trump. Según los análisis citados, la posibilidad de impugnaciones legales y un eventual cambio de política energética bajo una futura administración podrían condicionar las decisiones de las compañías estadounidenses, especialmente ante proyectos que requieren inversiones multimillonarias y plazos prolongados para recuperar el capital.
