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El oro y la plata del Imperio inca y su rol en las guerras europeas del siglo XVI

En 1533, el rey Carlos I de España recibió un cargamento de oro y plata proveniente del Perú, producto del rescate de Atahualpa y del saqueo de templos incas. Estos fondos fueron utilizados para financiar las guerras europeas del período, conocidas como guerras de religión.

En 1533, el rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico regresó a España tras permanecer dos años en el territorio que actualmente corresponde a Alemania. Desde el Perú llegaron noticias de la captura de Atahualpa y un cargamento de varias toneladas de plata y oro.

El cargamento provenía del rescate pagado por el Inca Atahualpa, quien había sido secuestrado por Francisco Pizarro y sus hombres. El rescate consistía en dos habitaciones llenas de plata y dos llenas de oro. Los conquistadores, al sospechar que la demora en la recolección del rescate era una estrategia para organizar una resistencia, juzgaron a Atahualpa por traición y lo ejecutaron.

El botín también incluía bienes obtenidos mediante el saqueo de templos y la fundición de obras de arte, que los conquistadores consideraban símbolos de idolatría.

El poeta Pablo Neruda, en su obra Canto General, describió el encuentro entre Atahualpa y los españoles, incluyendo la intervención del capellán Valverde y la posterior muerte del Inca.

El rey Carlos I destinó estos fondos a las arcas reales. Según registros históricos, aproximadamente el 80 por ciento del tesoro americano fue utilizado por los gobiernos hispánicos para financiar las guerras europeas del siglo XVI, denominadas guerras de religión.

El conflicto tuvo un origen religioso, vinculado a la Reforma protestante, pero también un trasfondo económico. Martín Lutero y sus seguidores sostuvieron que la Iglesia debía desprenderse de sus propiedades, lo que motivó el apoyo de varios príncipes alemanes que buscaban apropiarse de los bienes eclesiásticos.

Carlos I, como nieto de los Reyes Católicos, asumió la defensa de los intereses del papado. Las guerras resultantes implicaron un gasto continuo para España. En 1529, Carlos I vendió las islas Molucas al rey de Portugal por 350.000 ducados.

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