Analistas consultados por +Perfil señalaron que el superávit energético podría mantenerse hasta 2030, impulsado por las inversiones del RIGI y el desarrollo de Vaca Muerta, aunque advirtieron que depende de los precios internacionales y de las condiciones macroeconómicas.
La Argentina atraviesa un cambio en el origen de las divisas que ingresan al país, con la energía ganando protagonismo frente a la tradicional dependencia del sector agropecuario. Santiago Llull, en diálogo con +Perfil, afirmó que “el ingreso de las divisas por parte de otros sectores como la energía o la industria de conocimiento, es importante”.
El analista sostuvo que el mercado ya incorpora esta transformación, aunque advirtió que la rentabilidad de los activos energéticos dependerá de múltiples factores. El crecimiento de Vaca Muerta y las inversiones asociadas al sector aparecen como piezas centrales de una nueva matriz exportadora.
Superávit energético y el impacto del RIGI
Carbajales señaló que el cambio en la balanza comercial energética ya es contundente: “La balanza comercial energética cambió drásticamente de venir siendo deficitaria en los últimos años”. Según detalló, “el año pasado cerró con un superávit de 7.800 millones de dólares y se prevé para este año más de 10.000”.
Para el titular de Paspartú, la tendencia podría extenderse durante varios años: “Todos los parámetros indican que esto va a seguir hasta 2030, 2031, 32”, impulsada por inversiones vinculadas con el RIGI y nuevas obras de infraestructura.
Carbajales aclaró que la sostenibilidad del fenómeno no está garantizada exclusivamente por las políticas locales: “En primer lugar depende de los precios internacionales”, sostuvo, porque el petróleo es un commodity cuyo valor se determina en los mercados globales.
A eso se suma un conjunto de condiciones internas: “La macroeconomía, el RIGI, las condiciones de exportación, todo eso es un combo”, explicó, y remarcó que actualmente “parecen estar alineados los intereses tanto de los inversores internacionales como de las empresas nacionales”.
Un cambio difícil de revertir para futuros gobiernos
Carbajales consideró que el RIGI genera inversiones de largo plazo y que, por el volumen de proyectos, será difícil que un futuro gobierno decida modificar sustancialmente sus beneficios. “El RIGI da estabilidad de largo plazo”, afirmó. Además, sostuvo que el próximo gobierno, independientemente de su signo político, encontrará “inversiones muy florecientes” y una infraestructura en expansión.
No obstante, identificó un punto débil: la participación del entramado productivo local. “Tal vez hay un punto flojo en el RIGI y en estos proyectos que es la proyección del entramado productivo local”, señaló.
Pese a esa advertencia, Carbajales sostuvo que el proceso será difícil de detener: “El sistema va a seguir andando y los proyectos van a consolidarse”. Y resumió el impacto potencial de la nueva infraestructura energética: “Lo que le falta al país es infraestructura, exportar más”.
