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Cómo Escocia redujo la violencia y pasó de una crisis extrema a convertirse en uno de los países más seguros

Escocia pasó de registrar niveles extremos de violencia a comienzos de los 2000 a figurar entre los lugares más seguros del mundo, según BBC Mundo. El cambio se asoció a un enfoque que trató la violencia como un problema de salud pública.

Escocia pasó de registrar a comienzos de los 2000 niveles extremos de violencia a figurar hoy entre los lugares más seguros del mundo, según BBC Mundo. El cambio se asoció a un giro de enfoque: tratar la violencia no solo como un asunto penal, sino también como un problema de salud pública.

El país europeo logró esa reducción al combinar análisis de datos, prevención e intervención temprana con medidas dentro y fuera de la policía. La estrategia tomó forma desde 2005 con la Unidad Escocesa de Reducción de la Violencia (SVRU) y después se tradujo en una caída sostenida de homicidios y otros delitos violentos.

BBC Mundo señaló además que Naciones Unidas en esos años declaró a Escocia el país más violento del mundo desarrollado. Los periódicos informaban de manera constante sobre asesinatos y peleas entre bandas.

A principios de la década de 2000, la probabilidad de sufrir una agresión en Escocia era más de tres veces mayor que en Estados Unidos. Entre 2003 y 2005, Glasgow registró la tasa de homicidios más alta de Europa.

Will Linden, subdirector de la SVRU, explicó que al analizar los datos vieron que la mayoría de los homicidios ocurrían “casi por azar”. A partir de esa conclusión, el equipo entendió que no bastaba con actuar después del delito y que era necesario examinar la violencia en su conjunto.

La crisis llevó al entonces jefe policial William Rae a dar margen de maniobra a Karyn McCluskey, entonces jefa de Análisis de Inteligencia de la Policía de Strathclyde, y a John Carnochan, subjefe del Departamento de Investigación Criminal. McCluskey resumió ese momento en dos frases recogidas por BBC Mundo: hubo “cierta permisividad a la hora de intentar hacer algo” y, ante una situación “tan terrible”, era necesario “reinventarlo todo”.

La SVRU y el gobierno escocés desde el principio trataron la violencia más como una enfermedad que como un delito y esta posición dio prioridad a la prevención y a la intervención. Ese modelo partía de recopilar datos para entender el problema e identificar factores de riesgo y de protección. La unidad detectó que casi dos tercios de los actos violentos afectaban solo al 1% de la población de Escocia.

Entre los riesgos figuraban ser un hombre joven de una zona desfavorecida, además del desempleo, la pobreza y la inestabilidad familiar. Entre los factores de protección aparecían la continuidad escolar y los vínculos sólidos con los padres.

Una de las medidas más visibles fueron las sesiones de derivación voluntaria en el Tribunal del Sheriff de Glasgow. La primera se celebró el 24 de octubre de 2008 ante 85 miembros de bandas rivales del East End de Glasgow, que escucharon a familiares de víctimas, médicos y otros participantes. Al final de esas sesiones, los asistentes recibían un número para pedir ayuda si querían abandonar la violencia. Tras diez encuentros a los que acudieron 473 jóvenes, casi 400 hicieron esa llamada.

Linden dijo a BBC Mundo que la SVRU se volvió experta en adaptar ideas ajenas al contexto escocés. Entre esas referencias estuvo un programa contra la violencia de pandillas de Cincinnati, inspirado a su vez en una iniciativa de Chicago.

La estrategia exigió salir de las comisarías y entrar en hospitales, escuelas, servicios sociales, programas juveniles y comunidades. También incluyó la formación de dentistas para reconocer lesiones ligadas a agresiones, documentarlas y orientar a los pacientes hacia recursos de ayuda.

En el ámbito educativo, la SVRU impulsó que las autoridades dejaran de recurrir con tanta frecuencia a la expulsión escolar. En el curso 2022-2023 hubo menos de 12.000 expulsiones en Escocia, frente al máximo de casi 45.000 de 2006-2007.

Christine Goodall, cirujana oral y cofundadora de Médicos contra la Violencia, sostuvo que atender solo a pacientes ya lesionados equivalía a llegar demasiado tarde. La organización lanzó un proyecto educativo en escuelas y el programa Orientadores Hospitalarios para intervenir cuando personas con heridas por violencia acuden a urgencias.

El criminólogo Alistair Fraser, de la Universidad de Glasgow, afirmó que la SVRU cambió los términos del debate sobre la violencia. Según BBC Mundo, ese respaldo se amplió con la participación de responsables sanitarios, educadores, organizaciones comunitarias y el gobierno escocés.

Durante la década siguiente al giro, la tasa de homicidios cayó un 56% en Glasgow y un 38% en el conjunto de Escocia. Los delitos violentos en general bajaron casi un tercio entre 2006 y 2015, mientras los homicidios quedaron en su nivel más bajo en más de 20 años. Escocia ocupa ahora una posición intermedia entre los países europeos en homicidios y presenta tasas por habitante inferiores a las de Suecia, Francia o Inglaterra y Gales, según BBC Mundo.

La experiencia también influyó fuera del país: desde 2019 se crearon, con apoyo de la SVRU, unidades de reducción de la violencia en 20 zonas policiales de Inglaterra y Gales.

La unidad sigue integrada en la Policía de Escocia y recibe al año USD 1,45 millones del gobierno escocés. Su trabajo también incluye intervención temprana, como el grupo de apoyo entre pares al que se sumó Kelly en 2024 para mejorar el ambiente en su casa y romper ciclos familiares de violencia.

Jimmy Paul, director de la SVRU desde 2023, señaló además riesgos ligados a las redes sociales, los efectos duraderos de la pandemia de covid-19 y el hecho de que casi 1 de cada 4 niños en Escocia crece en la pobreza. Ante ese escenario, la unidad mantiene su apuesta por ampliar la prevención y ajustar sus intervenciones a problemas que cambian con el tiempo.

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