Polémicas racistas durante el Mundial de fútbol reavivan el debate sobre la persistencia del estándar de civilización del siglo XIX en América Latina y su contraste con el cosmopolitismo europeo.
En los últimos días, Hispanoamérica ha sido portada en los principales diarios de Europa y Estados Unidos debido a polémicas relacionadas con el fútbol. Entre los incidentes más notorios se encuentran las declaraciones racistas de una senadora paraguaya contra el delantero francés Kylian Mbappé y un tuit de la vicegobernadora de Mendoza que se refería a la selección de Francia como una “selección africana”. La FIFA ha registrado múltiples incidentes similares.
El origen de estas expresiones de racismo latinoamericano se vincula con el “estándar de civilización del siglo XIX” (SOC19). Este discurso establecía una jerarquía entre sociedades categorizadas como civilizadas, semi-civilizadas, bárbaras y salvajes. Buscaba legitimar un estatus superior para las sociedades europeas “civilizadas” y un sistema de gobernanza global diferenciado para las demás categorías.
Según el análisis, las sociedades categorizadas como “semi-civilizadas”, como Argentina, obtenían la aquiescencia ideológica mediante la promesa de admisión escalonada en la sociedad de “naciones civilizadas”, a condición de abrazar la modernización. Para las categorizadas como “bárbaras” y “salvajes”, el discurso negaba su capacidad de auto-gobierno y legitimaba el uso de la violencia. Las métricas que determinaban la pertenencia incluían la capacidad de crear tecnología moderna y el racismo científico.
El SOC19 llegó a América Latina a través de procesos de socialización-estigmatización emprendidos por potencias europeas como Inglaterra y Francia. El objetivo era deslegitimar prácticas culturales locales y legitimar la adopción de identidades modernas, con la colaboración de agentes locales como Domingo Faustino Sarmiento.
Hannah Arendt argumentó que el Holocausto y la guerra total fueron la aplicación del SOC19 contra las propias naciones europeas. Europa intentó superar este trauma mediante el cosmopolitismo, discurso que legitima la Unión Europea y aspira a superar el Estado-nación étnicamente homogéneo.
Mientras Europa hacía esta transición, América Latina había adoptado el SOC19 como discurso dominante, permitiendo a las élites oligárquicas legitimar su dominio sobre clases subalternas mestizas, indígenas y afrodescendientes, integrarse económicamente en el Imperio Británico y declarar guerras a vecinos bajo argumentos étnicos.
El cosmopolitismo llegó a la región a través de universidades y élites intelectuales, pero no penetró en el grueso de la población. En Europa del siglo XXI, tener una selección étnicamente diversa como la de Francia se ha convertido en un símbolo de éxito civilizatorio. En cambio, para algunos observadores latinoamericanos sin contacto con idearios cosmopolitas, esa misma selección representa una traición al SOC19.
Esta situación genera que un mismo fenómeno social sea interpretado de manera diferente por ambas sociedades. América Latina es ahora estigmatizada por el nuevo estándar cosmopolita como un “nuevo bárbaro”. Sin embargo, observadores críticos señalan dos aspectos: primero, la región no tuvo los mismos incentivos que Europa para superar el SOC19, ya que su adopción fue una cuestión de supervivencia en un mundo hostil; segundo, los elementos ideológicos del SOC19 fueron diluidos por la tradición cultural mestiza e hispánica.
