Joachim Klement desarrolló un modelo de regresión que combina factores económicos y climáticos para anticipar el ganador de la Copa del Mundo. Su estudio revela que la riqueza, la población y la temperatura influyen en el rendimiento futbolístico, aunque reconoce que el azar sigue siendo clave.
El economista alemán Joachim Klement publicó un pronóstico para la Copa del Mundo 2026 basado en un modelo de regresión que combina el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, la población y la temperatura promedio de cada país. Su investigación parte de la premisa de que el fútbol funciona como una religión con impacto directo en los mercados financieros.
El estudio determinó que la riqueza de una nación es un factor predictivo de su éxito deportivo, ya que permite financiar infraestructura y academias juveniles. Sin embargo, advierte que existe un límite: en países extremadamente ricos, los jóvenes tienden a abandonar el fútbol por otros deportes o videojuegos.
El tamaño de la población también influye, aunque el modelo detectó que esta variable solo es relevante en países donde el fútbol es el deporte principal. Por esta razón, naciones densamente pobladas como China o India no logran destacar en las mediciones de rendimiento internacional.
El factor climático resultó determinante: el modelo estableció los 14 grados centígrados como la temperatura ideal para la práctica del fútbol. Esta cifra coincide con el promedio anual de gran parte del sur de Europa y Sudamérica, regiones que históricamente concentraron casi todos los títulos mundiales.
Klement integró la ventaja de ser local en sus cálculos para 2026, pero advirtió que en este torneo la localía se diluyó al dividirse entre Canadá, Estados Unidos y México. Además, utilizó los puntos del ranking FIFA para medir la fuerza actual de los planteles. El modelo explicó el 55% de las variaciones del éxito en un Mundial, dejando un 45% librado al azar y la suerte.
El estudio también citó evidencia de que las derrotas en etapas de eliminación directa provocan caídas del 0,49% en los mercados bursátiles locales al día siguiente, mientras que las victorias impulsan el optimismo de los inversores. La expansión del torneo a 48 equipos introdujo una variable de incertidumbre que el analista calificó como un desafío para la precisión del pronóstico.
Pese a que el modelo favorece históricamente a los equipos con mejor combinación de infraestructura y talento, Klement reconoció que el fútbol es una ‘religión’ que escapa a la lógica pura de los números. El autor insistió en que su nota es un ejercicio para demostrar que incluso los economistas pueden intentar predecir eventos donde la emoción domina sobre la razón financiera.
