Shen Yuxiu, una octogenaria de Shanghái, mantiene activa la última cabina telefónica atendida por una persona en la ciudad, combinando tradición, servicio y compañía.
En la calle Fuzhou, en el distrito de Huangpu, Shanghái, una mujer de 83 años llamada Shen Yuxiu pasa aproximadamente la mitad del día administrando dos líneas telefónicas en una cabina de cinco metros cuadrados. Conocida popularmente como “la princesa de la cabina telefónica”, su historia fue difundida por medios locales y redes sociales.
La cabina se inauguró en 1993, y ese mismo año Shen comenzó a trabajar en el área contable del negocio, que entonces contaba con cinco empleados y recibía un gran flujo de clientes. Con el tiempo, el avance tecnológico redujo la demanda, hasta que solo ella permaneció al frente del lugar.
“De todos modos, no ganás mucho dinero con esto, así que abandonalo ya”, le sugirieron algunas personas, según recordó en una entrevista con el diario Shanghai Morning Post a fines de octubre de 2025. Sin embargo, Shen se mantuvo firme: “Tengo una pensión, no dependo de esto, pero siempre es bueno que la gente haga llamadas”, declaró.
La cabina dejó de ser su sustento económico para convertirse en su motor de vida. “Antes de que mi esposo falleciera, me dijo que no debía cerrarla, ni siquiera si no ganaba ni un solo céntimo. Sabía que él temía que me sintiera sola. Al estar aquí, no me siento sola”, reveló Shen al mismo medio.
A lo largo de los años, Shen ha ayudado a peatones con urgencias, como quienes necesitaban hacer llamadas sin batería en sus teléfonos, y también ha brindado apoyo a guardias de seguridad y otros trabajadores, permitiéndoles descansar en el habitáculo. “Para los transeúntes, la cabina telefónica también es una compañía”, manifestó.
Actualmente, de 9:00 a.m. a 8:30 p.m., los ciudadanos pueden pagar para hacer llamadas, pero muchos se acercan por otros motivos. “La gente viene expresamente a conocer la cabina, y también a mí”, dijo Shen. El recinto se transformó en su segunda casa: “La cabina telefónica me necesita, y yo también la necesito”, reflexionó.
