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La acuicultura argentina: un sector en crecimiento con potencial exportador

Tras el modelo del feedlot ganadero, la producción acuícola controlada, o “fishlot”, gana terreno en Argentina, impulsada por tecnología, inversión y una ley específica, posicionándose como una alternativa productiva con ventajas comparativas.

La Argentina, con una fuerte tradición agropecuaria basada en la ganadería, vio consolidarse el sistema de feedlot como un modelo intensivo que optimizó la producción de carne. En las últimas dos décadas, un proceso similar comenzó a tomar fuerza en el ámbito acuático: la acuicultura. Esta actividad, que implica la producción controlada de peces, crustáceos, moluscos y algas, introduce lógicas de eficiencia, trazabilidad y previsibilidad comparables.

Según datos de la FAO, a nivel global, cerca del 60% de las proteínas acuáticas consumidas ya provienen de la acuicultura, superando desde 2018 a la pesca extractiva. Países como Noruega, Chile y China han convertido este sector en una política de Estado, generando mercados billonarios.

En Argentina, el sector muestra un crecimiento sostenido en los últimos seis años, apoyado en la Ley Nacional de Acuicultura 27.231 y en capacidades científico-técnicas preexistentes. Se observa una mayor articulación entre conocimiento, inversión y producción, cerrando brechas que existían anteriormente.

Experiencias concretas se consolidan en diversas regiones: cultivo de mejillones en Tierra del Fuego, desarrollo de trucha arcoíris en la Patagonia con capitales de Chile y Japón, y proyectos con Pez Limón en Chubut o Pacú y Surubí en el Noreste. La calidad del producto argentino comienza a abrirse paso en mercados internacionales como Estados Unidos, Japón y Brasil, y en la alta gastronomía.

El país cuenta con ventajas naturales para el desarrollo acuícola, como disponibilidad de agua dulce y marina de calidad, condiciones sanitarias favorables y una diversidad de ambientes. Además, su matriz agroindustrial tiene capacidad para escalar sistemas intensivos. Técnicamente, la acuicultura puede alcanzar factores de conversión alimenticia muy eficientes, cercanos a 1:1.

Frente a debates ambientales, el desarrollo en Argentina se estructura bajo un enfoque sanitario y ambiental específico, con monitoreo y buenas prácticas. La adhesión en 2023 a lineamientos de acuicultura sostenible busca consolidar un esquema basado en trazabilidad y gestión ecosistémica, generando previsibilidad para posicionar al país como un proveedor competitivo y confiable a nivel global.

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