El reconocido médico especialista analizó los distintos tipos de estresores y propuso una metáfora visual para entender por qué a veces magnificamos los problemas.
El estrés es considerado por muchos especialistas como una epidemia silenciosa del siglo XXI. En una entrevista reciente, el doctor Daniel López Rosetti, referente en medicina del estrés en Argentina, abordó el tema desde un ángulo particular: la percepción individual. Según el experto, la clave de la salud mental no está tanto en los eventos externos, sino en cómo los procesamos internamente.
Rosetti definió como ‘estresor’ a cualquier estímulo percibido como una carga, ya sea una situación económica, un conflicto interpersonal o un imprevisto. Sin embargo, hizo una distinción fundamental al clasificarlos en cuatro tipos: verdaderos, falsos, grandes y chicos. Los estresores verdaderos son situaciones innegables, como una enfermedad diagnosticada o la pérdida de un empleo. Los falsos, en cambio, son problemas que generamos nosotros mismos, sin un correlato directo en la realidad, pero que consumen una energía mental equivalente a una situación real.
Para ilustrar este mecanismo, el médico utilizó la metáfora del ‘tacho en la cabeza’. Explicó que todas las personas tienen un recipiente mental para sus preocupaciones. “Si tenés cinco problemas, lo llenás con cinco pelotas y el tacho está lleno. Pero si tenés solo dos problemas, la tendencia de muchas personas es agrandar el tamaño de esas dos pelotas hasta que, de nuevo, el tacho vuelve a estar completo”, detalló. Esta tendencia a llenar el ‘tacho’ sería la que lleva a sobredimensionar pequeñeces.
El especialista enfatizó que el estrés no es lo que sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que sucede. “No importa lo que sucede, sino lo que yo creo que sucede”, afirmó. La reacción fisiológica, como el aumento de cortisol o la taquicardia, responde a esta interpretación subjetiva y no necesariamente a la realidad objetiva.
La propuesta de López Rosetti para una vida más equilibrada es aprender a ‘vaciar el tacho’, dimensionando adecuadamente las dificultades y distinguiendo lo urgente de lo importante, y lo real de lo imaginario. El camino, según el médico, radica en entender que, si bien no siempre se puede controlar lo externo, siempre se tiene poder sobre la propia reacción.
